Cuento del furtivo y la osa

Escribí Cuento del furtivo y la osa en abril de 2014 y fue publicado en proscritos blog. Apuntaba en él algunos elementos actuales hoy, en el contexto de la acción bélica rusa contra Ucrania, refiriéndome a Odessa y a Transnistria. Lo publico a continuación.

Cuento del furtivo y la osa

El pataleo y los puñetazos en el aire de los EEUU y la UE después del KO de Rusia en el combate de Crimea solo mueven a risa. También los análisis asustadores sobre qué va a pasar, hechos por expertos de Bruselas y Washington, son más bien cómicos; que Rusia reinició su política imperialista, quién va a ser el siguiente, si Transnistria u otras zonas aisladas de mayoría rusa o prorrusa.

Putin no es el dirigente soviético alcoholizado que solía olvidar, en mitad del discurso, lo que tenía que decir. Quedarse con Crimea, o con cualquier territorio de la antigua URSS de mayoría rusa o prorrusa, es mucho más importante para él y su Rusia que ser miembro del G8, de la ONU o de cualquier otra organización internacional. (Me encanta esa generosidad de Occidente de premiarte o de hacerte miembro de su club a cambio de entregarles países enteros. Mijaíl Gorbachov recibió el Nobel de la Paz por abrir la Unión Soviética a Occidente. También puede ser que ni él supiera lo que vendría después de su intento de esa apertura amistosa).

En “RIqueza rusa y astucia alemana se dan la mano” escribí sobre la posibilidad de que Europa saliera de la crisis de forma duradera con una alianza económica eurorrusa.

Rusia ha sido un gran importador de tecnología y cultura europeas. Me basta con recordar a Pedro I El Grande que construyó San Petersburgo con la ayuda de ingenieros occidentales. Odessa, otra ciudad importante del antiguo imperio, de momento perteneciente a Ucrania, fue fundada por el almirante catalán De Ribas y tuvo como alcalde al francés Duque de Richelieu. Los ejemplos podrían continuar. Los escritores de la Europa del Este querían equipararse con sus homólogos occidentales; los artistas soñaban con los aplausos del público europeo. ¿Qué han recibido a cambio? Me consta que solo desprecio.

Yo no sé a qué intereses obedece una política tan obtusa y mal enfocada. Me figuro que sólo a intereses egoístas y particulares. Si no, no me explico por qué hasta ahora no se han reunido a dialogar líderes europeos –reconozcámoslos como tales de una vez, alemanes, franceses, holandeses o quienes sean ésos- y rusos. Juntos alrededor de una mesa para la prosperidad de esta zona que no hace más que pelear y pelear consigo misma desde hace siglos y siglos. ¿Quién diablos es el culpable de esa crónica falta de entendimiento que ha originado ríos y ríos de sangre? ¿Quién es el más fuerte, el mandamás o hasta ahora no se lo han aclarado ni ellos mismos y correrán otros ríos de sangre y lágrimas por siglos y siglos en el empeño de disputarse continuamente la supremacía?

La situación me recuerda a la osa que describí en otro relato publicado también aquí, en Proscritos. La osa cayó en una trampa disimulada en el suelo. El furtivo, cigarro en la boca y manos en los bolsillos, regresó al día siguiente para ver qué tal iba la cosa y al verla cogió un palo y, sin acercarse demasiado, para que su vida no corriera ningún peligro, empezó a darle empujoncitos. Uno, dos, tres. Se lo pasaba muy bomba el cabrón con el jueguito. La osa, dispuesta a aceptar el destino pero no la humillación, aunó toda su natural fuerza y arrancó de raíz el árbol junto con la trampa a él atada. De un salto estuvo al lado de su verdugo y de un zarpazo, ¡zas!, lo partió en dos mitades.

¿Quién es el furtivo? Acertado: Europa. ¿Quién es la osa? Nuevo acierto: Rusia.

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