Sonrisas falsas

El 15 de marzo de 2020, al tercer o cuarto día de la lucha más o menos seria que Europa había comenzado contra el coronavirus, desde China nos llegaba una imagen emocionante: varios médicos chinos, mujeres y hombres, de la provincia de Wuhan, donde se había detectado el primer brote de la plaga, se iban quitando, delante de una cámara, las mascarillas de protección. El rostro de cada uno mostraba alegría y satisfacción por el trabajo realizado: el foco de la enfermedad había sido extinguido, y de esa manera daban la noticia al mundo entero. Atrás quedaban meses de trabajo atroz. Todos, sin excepción alguna, eran felices y querían compartir su felicidad con el resto del planeta. Ni rastro de la crispación o de la fealdad que en nosotros, los europeos, deja el esfuerzo. Las chicas, mofletudas y risueñas, parecían alumnas de secundaria, mientras que los chicos semejaban adolescentes aficionados a los juegos de ordenador. Continue reading “Sonrisas falsas”

El ascua a mi sardina

La crisis del coronavirus pone a prueba no sólo la cohesión de Europa sino también algunos de sus principios básicos como la fraternidad y otros similares. Miles de rumanos (se estima que la cifra final llegará a 40000) tuvieron que salir pitando de Italia para regresar a su país de origen, Rumanía. Sí, miles, en unos pocos días. La caravana de coches que se podía contemplar en uno de esos días en alguno de los puntos fronterizos era impresionante. Parecía un éxodo masivo de personas azuzadas por el pánico que quisieran entrar de golpe en un país que abandonaron hace años cuando se fueron al extranjero en busca de una vida mejor. Continue reading “El ascua a mi sardina”

El viejo peluche

Llegará pronto y se esconderá debajo de la cama. Desde allí se oyen perfectamente todos los ruidos de la casa. Primero, el taconeo de los zapatos de mamá, después las pisadas lentas de papá y, por último, se escuchará el andar suave de las zapatillas del abuelo.

Le llegará también el olor de la cena pero para entonces ya se habrá quedado dormido con la cabecida apoyada en la almohadita que su madre le había dejado preparada antes. Alguien le despertará para que vaya a cenar. Y yo me quedaré otra vez solo, esperando la próxima visita para que me haga compañía.

El francotirador

pu

Y ella finge que se lo cree y él finge que aprieta el gatillo.  Apunta con los labios y le envía un beso.

Ha salido del agua y ahora está tumbada desnuda en la arena. ¡Qué cuerpo!

Entre las piernas otro cañón está tieso, listo para disparar de veras.

¿Pero cómo se habrá dado cuenta de que la está apuntando? Las mujeres siempre lo notan. Tienen un olfato especial. Cuando era pequeño espiaba a su prima mientras se bañaba y podía ver por el ojo de la cerradura su sonrisa. ¿Y si disparase? Roza el gatillo.  Apunta otra vez con los labios y le envía otro beso.

imagen: https://tn.com.ar/internacional/vladimir-putin-francotirador