La felicidad no es de este mundo

 

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Nací, crecí y me eduqué en el mundo de una cultura desaparecida: la cultura soviética. Esa cultura pretendía romper con el pasado y crear sus propios valores. Su principal propósito era hacer que el pueblo creyera en su porvenir luminoso. Desde este punto de vista podríamos decir que era una cultura optimista. En los libros los conflictos se solucionaban de forma positiva; en el arte pictórico predominaban las actitudes enérgicas, intrépidas y exitosas; en las películas el hombre salía siempre victorioso en su lucha contra las adversidades de la vida. Todo ello respondía a un solo objetivo: después de leer un libro, de ver una película, de contemplar un cuadro el hombre debía sentirse más animado, abierto de alas. Continue reading “La felicidad no es de este mundo”

Una llamada perdida

Nicușor se tiró sonámbulo por la ventana de su piso en una cuarta planta. Las ramas de un árbol atenuaron su caída y le salvaron de la muerte.

Había combatido en las tropas internacionales de Angola. Su vida había corrido peligro muchas veces: habría podido pisar una mina, contraer malaria, ser mordido por bichos venenosos o haberse encontrado en el camino de una bala perdida. Pero, a pesar de todo, estaba contento porque recibía un buen sueldo y en Bucarest tenía una esposa joven y bella a quien recordaba con cariño y con la ilusión de que ella también le echara de menos. Continue reading “Una llamada perdida”

Adivina adivinanza

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El profesor moderno es muchas veces una especie de payaso cuyo papel en las aulas ya no es el de enseñar sino el de caer bien a sus alumnos. ¿Qué puedo hacer, en estas condiciones, para que mis alumnos estudien? ¡A ver! Al cole ya no se viene para eso. Se viene para cualquier otra cosa; para pasar el rato, para cachondearse de los profes, para sacarse instantáneas – selfish- sugerentes durante la clase. Y, claro, si le hago ver al pequeño sinvergüenza que esto o aquello no está bien, el pequeño sinvergüenza es capaz de mandarme a paseo porque en casa tiene un padre -o una madre- que no para de estimular su personalidad ni un momento, acogiendo con aplausos, ¡olé!, cualquier maldad que se le pase por la cabeza.

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