Cosas raras

Cuando viajo a mi tierra soviética durante casi 70 años siempre siento tristeza por las mismas dos razones: a mis padres los noto cada vez más viejos y no ocurre nada, ningún cambio espectacular, no se observa ningún indicio de desarrollo. Y sin embargo, en esa misma tristeza descubro también motivos de alegría: mis padres se dirigen digna y lentamente, con una especie de contagiosa sabiduría, hacia ese infinito que nos espera a todos y la misma tierra parece estar esperando con serenidad algún cambio; parece estar descansando para recuperar las fuerzas perdidas durante varias décadas de convulsiones, sacudidas violentas y choques brutales entre dos mundos con modos de vida diferentes en muchos aspectos. Continue reading “Cosas raras”