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¿A quién quieren engañar?

¿A quién quieren engañar?

  • ¿A quién quieren engañar? ¿A quién toman el pelo esos rompesociedades, quebrantapueblos, dividemundos?

Ya se va notando el hastío, el hartazgo de la guerra y de las noticias sobre ella que en los periódicos extranjeros -es decir no rusos-, son cada vez menos a medida que los días pasan. Si, al empezar el enfrentamiento ruso-ucraniano los títulos llenaban las primeras planas de toda la prensa occidental, en la actualidad solo hay unos cuantos, dos o tres como mucho cada día. El interés subió un poco el día 9 de mayo, con motivo del desfile militar ruso de Moscú, en honor de la gran victoria soviética en la II Guerra Mundial; ¿qué iba a decir Putin y con qué amenazas iba a asustar otra vez al mundo?

En las reuniones sociales tampoco se habla mucho sobre ese asunto. Si al principio de la “operación militar” rusa en Ucrania ese era el tema dominante –se opinaba, se debatía, pero sobre todo se condenaba–, ahora el hecho apenas se menciona y cuando, de modo puramente accidental se saca a colación, en el aire se nota el disgusto. El disgusto de hablar.

Y, sin embargo, la guerra sigue. No es donde estamos nosotros, pero sigue. La vida sigue su curso y la muerte también continúa la serie de matanzas empezada hace más de dos meses y el número de muertos no es menor que entonces; lo que ha disminuido es nuestro interés por saberlo. Cada cual tiene sus propios conflictos con los cuales lidiar; en el trabajo, con el banco, con los críos y el sistema educacional, con la salud, llegar al fin de mes, el precio de la gasolina, de la luz y de los alimentos. No obstante, repito, esa perturbación violenta entre pueblos de la misma cepa está allí, no demasiado lejos de nosotros, los demás europeos. ¿Nos afectan sus consecuencias? Claro que sí. Pero no es lo mismo vivir amenazado, a cada instante, por la explosión arbitraria de un cohete que preocupado por el aumento del precio del pan.

¿Debería tener yo algún sentimiento de culpa? De ninguna manera. Y los millones de ciudadanos de Europa, y del mundo entero, que a las seis de la mañana se despiertan para ir a trabajar y que, con sus impuestos, mantienen y alimentan a las clases políticas de sus respectivos países, cada vez más ociosas y malintencionadas, tampoco.

¿A qué se dedican los señores y las señoras de la política? ¿Qué hacen? Porque no me consta ningún esfuerzo claro para detener, por fin, esa barbarie. La guerra, en la cual unos ucranianos mueren porque se defienden y a unos rusos los matan porque atacan, cumpliendo órdenes, parece haberse transformado en una normalidad, en algo que ocurre con el permiso de todos y como si así debiera ser.

El pueblo ucraniano, durante más de treinta años desde la desmembración de la URSS, se encontró rehén de unos políticos acaparadores de influencias y riquezas que no han sabido construir un puente firme con Europa occidental y han destruido el que ya existía con Rusia. En la Unión Soviética, debido sobre todo a una dura política de imposición, se efectuó una cohesión social de las naciones que funcionó bastante bien gracias, en primer lugar, a la aprobación silenciosa por parte de los pueblos dominados. En manos de ucranianos rusificados y rusos se encontraban los puestos clave de la industria, economía y del ejército. Al romperse la cohesión soviética, Ucrania, el segundo país por su importancia económica, política y militar de la Unión, después de declarar la independencia rompió estos lazos muy estrechos para proclamarse ella sola dueña de todo el patrimonio soviético hallado en su territorio, construido con el esfuerzo de todos los ciudadanos de la URSS y que hasta ese momento había compartido con Rusia. Entonces fue cuando empezó todo y allí es donde hay que buscar el germen de la discordia.  ¿A quén quiere engañar el héroe nacional ucraniano de estos meses, Vladímir Zelenski?

Unos individuos que aman la paz, solo la paz, fabrican armas pensando en la libertad de los ucranianos, y otros tienen nuestro permiso silencioso de enviarlas en cantidades cada vez mayores porque solo así, según los políticos podemos defender esa paz. Políticos y políticas que nos gobiernan, y que rigen los asuntos públicos a nivel cada vez más globalizado, apoyan el envío de armas y más armas porque solo así, sostienen ellos, se puede luchar contra la guerra. No conocen otra forma de parar la guerra que armando a los que llaman “héroes” a gritos, como si nosotros fuéramos unos imbéciles incapaces de observarlo, y a otros catalogando como unos “asesinos” para que no se nos ocurra considerarlos otra cosa. ¿A quién quieren engañar? ¿A quién toman el pelo esos rompesociedades, quebrantapueblos, dividemundos?

Igualados Punto y aparte

Igualados Punto y aparte

  • Cinismo occidental contra brutalidad oriental rusa. Rusia atacó; acertaron, y ahora están igualados. Punto y aparte.

Rusia no ha ganado, Ucrania no ha perdido y a los Estados Unidos les va viento en popa. Occidente piensa a nivel global; el beneficio se saca de la vida y de la muerte, de la paz y de la guerra, del amor y del odio. Rusia no tiene esa mentalidad. Se piensa a nivel local, no se han superado aún ciertas barreras ideológicas: no son liberales por completo.

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