Igualados Punto y aparte

Igualados Punto y aparte

  • Cinismo occidental contra brutalidad oriental rusa. Rusia atacó; acertaron, y ahora están igualados. Punto y aparte.

Rusia no ha ganado, Ucrania no ha perdido y a los Estados Unidos les va viento en popa. Occidente piensa a nivel global; el beneficio se saca de la vida y de la muerte, de la paz y de la guerra, del amor y del odio. Rusia no tiene esa mentalidad. Se piensa a nivel local, no se han superado aún ciertas barreras ideológicas: no son liberales por completo.

Los comentaristas rusos son ninguneados en Occidente; propagandistas de la política del Kremlin, intoxicadores de la opinión pública. Sin embargo, no todos son simples aduladores de Vladímir Putin. La mayoría creen a pies juntillas en lo que dicen y tienen público que cree lo que dicen. Y no los ha creado Putin, sino que es al revés; ellos le han creado a él, le han engendrado en su seno. Putin es efímero, ellos no lo son. Defienden y propagan los estamentos básicos de la sociedad rusa que durante la liberalización forzada, puesta en marcha por la Revolución Socialista de Octubre de 1917, han sufrido un gran deterioro.

En 1989, al desmembrarse la Unión Soviética, Rusia no había terminado aún de liberalizarse y fue enviada, de nuevo, al pasado. Las demás repúblicas, mucho más pequeñas, al desprenderse de esa estructura pesada, desearon emprender el vuelo hacia lo prohibido -Occidente- y entonces Rusia se enfadó, interpretándolo todo como agresión en su contra, aunque ninguna de esas repúblicas le pertenecieran históricamente.

Por eso la oferta occidental de valores en Rusia todavía no es aceptable; todo es demasiado agresivo y desvergonzado. Para Putin, sus generales y oligarcas, tipos taciturnos y cetrinos, un demócrata al estilo Navalnyi es un caradura insolente sin ley y debe ser eliminado.

Occidente, que también funciona como un bloque ideológico colectivo, no quiere -o no puede- entender eso. Y este roce tectónico continuo produce chispas; que se traducen en guerras, sobre el terreno.

Cuando el así llamado en Occidente “ideólogo del Kremlin” Vladímir Soloviov habla de proxiguerras, es decir conflictos en la inmediata cercanía de Rusia o China, la parte rusa de ese cerebro global le da toda la razón, lo entiende y lo acepta sin problemas. Son conflictos previstos en la agenda occidental que sirven para despachar mercancía bélica, desestabilizando la zona junto a las fronteras de las potencias rivales para abrir brechas a las futuras inversiones. Guerras a medida, como los trajes de los altos funcionarios estadounidenses y británicos. Cinismo occidental contra brutalidad oriental rusa. Rusia atacó; acertaron, y ahora están igualados. Punto y aparte.

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