El testimonio de Noa Pothoven

Hay una ley que permite poner fin a la vida para evitar el sufrimiento. En Holanda esta ley ya funciona. Claro que no todo es tan sencillo. Hay que cumplir unos requisitos muy rigurosos para que concedan el visto bueno. Pero la esencia de la ley es básicamente esta: ayúdenme a morir para así dejar de sufrir.

La pregunta es ¿cómo puede medirse el sufrimiento? ¿Se ha inventado algún aparato especial para eso?

Se ha hablado un poco del caso de Noa Pothoven, una chica holandesa que deseaba morir porque no soportaba una vida llena de sufrimientos psíquicos atroces causados por tres agresiones sexuales. ¿Sufría esa niña realmente?

Noa escribió un libro. Su testimonio es lo único que parece claro y justo en esta historia. Todo lo demás resulta erróneo, confuso, falso, desagradable: nuestra compasión o nuestra indiferencia, esa ley, la clínica para morir holandesa, etcétera… Pero lo más monstruoso son los hechos que originaron la tragedia de esta joven: los primeros dos abusos tuvieron lugar en una fiesta infantil y en una reunión de adolescentes, según lo que han revelado al respecto los medios de comunicación actuales.

Soy profesor desde hace más de 25 años y he tenido alumnas -no muchas en comparación con el resto de chicas y chicos-, que estudiaban, que leían mucho pero, sobre todo, que soñaban. Soñaban con una trayectoria de vida muy clara, muy luminosa: una carrera, no necesariamente brillante, sino más bien útil para ellas y para los demás; una relación, no con el príncipe de los cuentos, sino con un chico normal, con alguien como ellas, con sus mismas aspiraciones; y un hogar, es decir una familia, con marido e hijos, todos juntos y felices en una casa limpia y ordenada. Son seres que normalmente tienden a que todo les salga a la perfección y que sufren cuando algo les falla. Noa parece que pertenecía a este grupo.

Esas personas de objetivos claros y nítidos con frecuencia deben hacer esfuerzos para integrarse, porque la mayoría de los adolescentes, tanto da chicas como chicos, hoy día suelen ser muy brutos, elementales, vulgares, y hasta muy violentos. Y entonces cometen el peor error de sus vidas yendo a fiestas, donde, para ser aceptadas por los demás, beben alcohol, fuman, e incluso también se drogan. Es decir donde hacen cosas que están en brutal desacuerdo con su habitual manera de ser.

Y por eso, con frecuencia, suele pasarles lo que le ocurrió a Noa.

Noa tituló su libro „Vencer o aprender”. Perdió la vida pero venció a la muerte. Su testimonio quedará como un rastro vergonzoso que dejan tras de sí algunos seres humanos al pasar por la vida. Muchos de esos casos ni siquiera llegan a investigarse. Parece que a la propia Noa le daba vergüenza denunciar a sus verdugos; intentó vivir con ello pero no lo consiguió. Y las preguntas son ¿quién venció, quién perdió y quién aprendió algo?

 

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