El follón que se ha montado en torno al incendio de la Catedral de Notre-Dame de París podría tener un lado tierno si no presentara también sus aspectos vergonzosos, incluso feos. Francia, país que a lo largo de su historia ha quemado casas en otras tierras, que ha sometido a prueba de sangre y fuego a otras naciones no ha sido capaz de apagar un fuego en su propia casa. ¿Y qué fuego, Dios mío, qué fuego? Un fuego en que ardían símbolos cristianos.