El viejo peluche

Llegará pronto y se esconderá debajo de la cama. Desde allí se oyen perfectamente todos los ruidos de la casa. Primero, el taconeo de los zapatos de mamá, después las pisadas lentas de papá y, por último, se escuchará el andar suave de las zapatillas del abuelo.

Le llegará también el olor de la cena pero para entonces ya se habrá quedado dormido con la cabecida apoyada en la almohadita que su madre le había dejado preparada antes. Alguien le despertará para que vaya a cenar. Y yo me quedaré otra vez solo, esperando la próxima visita para que me haga compañía.

El francotirador

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Y ella finge que se lo cree y él finge que aprieta el gatillo.  Apunta con los labios y le envía un beso.

Ha salido del agua y ahora está tumbada desnuda en la arena. ¡Qué cuerpo!

Entre las piernas otro cañón está tieso, listo para disparar de veras.

¿Pero cómo se habrá dado cuenta de que la está apuntando? Las mujeres siempre lo notan. Tienen un olfato especial. Cuando era pequeño espiaba a su prima mientras se bañaba y podía ver por el ojo de la cerradura su sonrisa. ¿Y si disparase? Roza el gatillo.  Apunta otra vez con los labios y le envía otro beso.

imagen: https://tn.com.ar/internacional/vladimir-putin-francotirador

El amor que salvará el mundo

Javier Marías me gusta no tanto como narrador sino, sobre todo, como columnista. Cuando leo alguno de sus artículos suelo detenerme de vez en cuando al final de alguna frase y pienso¡qué bien la remata!

En uno de esos artículos nos habla de la sobriedad cultural, artística pero también de la sobriedad personal. Alaba la contención inglesa, desaprueba la indiscreción mediterránea, exhibicionista y carnavalesca, y en general se mofa de aquellos que se muestran propensos a un melodramatismo falso. Y concluye diciendo que „arroja bien lejos”  un libro que tenga „tales bobadas sonrojantes” como por ejemplo  „esto o aquello es hermoso” o „sólo el amor nos salva”, que considera „histéricas, desgarradas, altisonantes”. Continue reading “El amor que salvará el mundo”

Déjame morder un poco

Algunos hechos que ocurren me evocan de repente algunas situaciones vividas en el pasado, lo que me demuestra que la vida es un continuo ir y venir, y que todo eso es la vida misma.

Cierta vez me invitaron a un evento importante con comida y charla incluidas. Un colega de profesión, a quien acababa de conocer, me pidió que le dejara probar un poco de la paella de mi plato con mi tenedor. Y tuve que acceder porque no se me ocurría la manera de rechazarlo. Continue reading “Déjame morder un poco”