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Lermontov y La Ruleta Chechena

Mihail Iurievichi Lermotov fue durante mucho tiempo mi escritor ruso preferido. Ahora ya no tengo escritores preferidos. El tiempo borra un poco el entusiasmo de las cosas. Todo tiende a juntarse en una mezcla de sabores equilibrados: ni demaisada sal, ni pimienta en exceso. El tiempo que ha pasado no hay que lamentarlo: hay que saborear el instante, el ahora, para alargar el sentimiento de la vida. Son esas ganas de vivir que aparecen cuando dejamos de sentir ya especial exaltación por nada.
           La Naturaleza establece una especie de equilibrio existencial. Todo se compensa: la vida con la muerte, la muerte con la continuidad universal, el sufrimiento con la promesa de salvación, la felicidad con el sufrimiento, el éxito con la amargura, la amargura con la satisfacción de no haber tenido el valor de intentarlo. Lo último resulta quizás lo más fácil de soportar.
           Existe también un equilibrio vital: el sauce crece en los lugares pantanosos y no se pudre. Es más, el agua sube por su tronco y por sus ramas y sale por las hojas como por unas tuberías, saneando el terreno y purificando el aire. ¡Magnífico! ¿Quién ha plantado el sauce en el pantano? Nadie. Es decir Dios.
          Lermotov murió románticamente: en un duelo y muy joven.

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Sin corazón

Sin corazón soy fuerte/Fără inimă sunt puternic

Por la mañana,
Antes de salir de casa
Me saco del pecho el corazón y lo dejo en la nevera.
Para que se quede frío, sin alterarse.
Para que no me lo aplasten en el tráfico de la ciudad,
no me lo escupan desde las ventanillas de los coches,
no me lo pisoteen en el metro.
Para que mi jefe no me lo encuentre y no me lo tire a la basura.
Para que mis compañeros no se rían de su forma, color y tamaño.
Para que nadie sepa que yo lo tengo.  Que tengo corazón.
Sin corazón soy feliz y tranquilo.
Soy fuerte.

Fără inimă sunt puternic

Dimineaţa,
Înainte să ies din casă,
Îmi scot inima din piept şi o las la frigider.
Ca să se păstreze rece, nealterată.
Să nu mi-o strivească în traficul din oraş,
Să nu mi-o scuipe de la geamurile maşinilor,
Să nu mi-o calce în picioare în metrou.
Şeful meu să nu dea peste ea şi să mi-o arunce la gunoi.
Colegii să nu râdă de forma, culoarea şi mărimea ei.
Ca nimeni să nu ştie că eu o am. Că am inimă.
Fără inimă sunt fericit şi liniştit.
Fără inimă sunt puternic.