
Rosas por una vagina
Hoy las relaciones entre las personas parecen muy abiertas y muy sinceras, pero a través de este envoltorio, disfrazado de muchos y continuos abrazos, solamente se rezuma la frialdad. El sentimiento cálido, sincero se ha escondido muy dentro del ser humano, como el agua clara de manantial que huye hacia las profundidades de la tierra para salvarse de la inmundicie de los líquidos contaminados de la superficie. Un protocolo convencional ha recubierto las relaciones tapizándolas de imágenes multicolores que explican los sentimientos volviendo ridículo su valor original. El acercamiento es consentido solo si se salvan esas múltiples aduanas de este impuesto y aparentemente amistoso protocolo. Lo permanentemente amistoso, repetido hasta el aburrimiento, ha reemplazado lo verdaderamente profundo que tiene las vías de acceso hacia la superficie completamente obturadas.
Sobre lo que no hace demasiado tiempo solíamos asociar únicamente con el tema del amor, conquistado heroicamente, los especialistas hoy hablan utilizando terminología técnica…
El cuerpo humano se ha enfriado y rechaza histéricamente cualquier toque o roce. Está científicamente explicable desde la punta de los cabellos hasta lo más íntimo que no hace tanto tiempo aún se vinculaba únicamente con las emociones producidas por el amor. Términos como escroto, glande, vagina, mama salen en la publicidad con la misma frecuencia que el yogur, filetes o guisantes. El oírlos o verlos no provoca ninguna vibracion interior, ni en machos ni en hembras, y solamente se asocian con disfunciones o patologías.
Por otro lado la abundante pornografía, que fluye desde una especie de tubería de inmundicias rota de repente, malgasta los órganos íntimos, a los cuales se llegaba con muchos ramos de rosa, como si fueran basura reciclable. Sobre lo que no hace demasiado tiempo solíamos asociar únicamente con el tema del amor, conquistado heroicamente, los especialistas hoy hablan utilizando terminología técnica, disfunción eréctil, sequedad vaginal, lubricante íntimo etcétera, etcétera, como si de meros mecanismos se tratase. El erotismo, algo intermedio entre ciencia y pornografía, ha dejado de existir por inservible, por un lado, y ridículo, por el otro. El simple regalar un ramo de rosas es interpretado de mil modos menos el que podría significar verdaderamente. Al otro cuerpo, tan expuesto y manoseado, se llega por atajos impuestos por las prisas que nos dominan. Es un fenómeno que ha afectado sobre todo a los más jóvenes divididos en dos bandos, los que inician las relaciones sexuales muy pronto, por debajo de los quince años o incluso de los trece, y los que difícilmente consiguen una pareja. O no la consiguen jamás a menos que se conformen con aquello que las circunstancias les acaben ofreciendo.
Rosas por una vagina
Se da por supuesto que construir una familia no forma parte de este juego amoroso prematuro e infantil que acaba igual de rápido y se rompe a la primera disfunción de cualquier índole, técnica o sentimental y que, casi siempre, se desarrolla con el permiso de padres y madres que consienten las relaciones de los teenagers proporcionándoles su propio dormitorio porque de todas formas lo acabarían haciendo y siempre es preferible que lo hagan en condiciones seguras y en un ámbito higiénico. Decirles que se dejen de tonterías sería inconcebible. A veces van de vacaciones juntas las dos familias, al mar, por ejemplo, y los retoños disfrutan de su espacio -habitación de hotel solo para ellos- donde juegan al amor mientras los adultos toman pizzas con cerveza en una terraza.
Estos lazos, anudados a prisa, se rompen muy pronto trayendo desilusiones y influyendo la vida sentimental a veces de manera irremediable -uno habla de lo que ha visto, observado y conoce- ya que, aún buscando la estabilidad, ninguno logra encontrarla porque no saben apreciar el mismo empeño en el otro. El conocimento temprano del cuerpo vuelve estúpidos a los chicos y recelosas a las chicas. Si para la mujer podría significar el principio, para el hombre, una vez satisfecha esa ansia inicial, transformada en mera sensación, que él solo busca repetir después de manera mecánica, seguramente significa el fin del trayecto. Y si este primer enlace no ocurre dentro de una relación madura y por tanto menos insegura, la conexión no dura porque ninguno de los dos la contempla como tal: seria y estable.
Siendo profesor con más de treinta años de actividad a cuestas soy invitado, de vez en cuando, a encuentros que organizan exalumnos y he constatado que solamente aquellos que se graduaron hace más de veinte años fueron capaces, en mayor o menor medida, de formar un hogar, es decir contraer matrimonio civil y por la iglesia, y tener después hijos e hijas. Muchos envían a sus niños a la misma escuela donde estudiaron ellos y uno, en esta vida, ha enseñado a padres, madres y a sus hijos e hijas. En cambio, los que se graduaron hace diez años o menos, se desgastaron en relaciones rápidas y esporádicas y cuando se propusieron estabilizarse no funcionó. El cuerpo humano hoy, cuando tratamos de transmitir lo contrario por todos los medios a nuestro alcance, es tratado más que nunca como un abjeto cualquiera. Es consumido sexualmente muy rápido, muchas veces solamente a medias, como un simple artilugio seudoamoroso comprado en una tienda de placeres mecánicos, para deshacernos de él enseguida, avergonzados por haberlo utilizado, como de un envase inservible de un solo uso.