Putin, loco o cuerdo

Putin, loco o cuerdo

Como he apuntado hasta ahora en varios escritos, lo que sucede en estos días en Ucrania es el resultado de la caída de la Unión Soviética. La URSS fue un proyecto de estado con una estructura artificial que creó, en su interior, espacios igualmente artificiales, quitando y otorgando provincias a su antojo y capricho. A Moldavia, por ejemplo, espacio históricamente perteneciente a Rumanía, se le anexionó Transnistria, formando la República Soviética Socialista de Moldavia.

Ucrania, antes de la Revolución Bolchevique de Octubre de 1917, era un caos ingobernable, un espacio que se compraba y se vendía, como el pescado en el mercado, entre varios estados. Llegaron los Sóviets y pusieron orden, a su manera, en todo ese lío cartográfico, diseñando brutalmente, en el mapa, unos contornos que sobre el terreno seccionaban cabezas, manos y pies a otros pueblos.

Putin no es un loco, tal como lo pinta la prensa occidental, y no sé cuánto habrá en él de Hitler, como se dice. Yo diría, teniendo en cuenta sus acciones de estos días, que tendría más de Stalin que de otro personaje histórico nefasto.

Sus propósitos, sin embargo, siempre han sido claros: alejar de las fronteras de Rusia, que él controla como un pastor su rebaño con mastines, el avance de la OTAN, y no ha parado de manisfestarlo cada vez que tuvo la oportunidad de hacerlo. ¿Qué protege él? Sus intereses, algunos muy personales, que no siempre coinciden con los de los rusos de a pie. En todos estos años Putin se ha ido preparando para este momento que está muy claro dentro de su cabeza. La mayor parte de las inversiones rusas fueron dirigidas hacia el sector armamentista y él no trató de ocultarlo. Se le pudo ver pilotando un helicóptero nuevo, haciendo puntería con un Kalash modernizado, subiendo a bordo de navíos de guerra o visitando plantas de fabricación de armas. Y cuando hacía todo esto, cuando montaba a caballo enseñando sus pectorales, era popular en todo el mundo. Hoy, de repente, está loco.

No lo está, y no está cavando su propia tumba, como se ha ido insinuando, sino que la va a cavar a quien se atreva a enfrentarse a él. El poder de ese hombre es enorme. No hay, hoy por hoy, en el mundo entero otro ser humano más poderoso que Vladimir Putin. Y no es porque sea inmensamente rico, como afirman algunos, sino porque su entorno está formado por personas leales que a su vez han involucrado en ese círculo a otros y otros, recompensados con enormes riquezas y privilegios. La mayor parte de esas fortunas se encuentran en Rusia, en bancos rusos o en propiedades. Una simple llamada de Putin y todos esos oligarcas, o enriquecidos, se largan del extranjero dejando allí sus yates y mansiones lujosos para regresar a su país.

Occidente y los Estados Unidos provocan a Vladimir Putin y el precio lo pagan los ucranianos. Ni los Estados Unidos, ni ningún otro país, pueden hacer nada en esta situación. El envío de armas solo aumentará el número de víctimas. Únicamente entre rusos y ucranianos se puede solucionar el enfrentamiento, dialogando y llegando a un acuerdo. Lo demás son provocaciones y mala fe.

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