La guerra de Vladímir Putin

La guerra de Vladímir Putin

  • La penetración del ejército ruso en Ucrania es un problema que solo trae de cabeza a los ucranianos preocupados por echarlo. A Putin, la sola presencia de sus fropas allí, ya le tiene contento.

Vladímir Putin ha iniciado una guerra atípica. En Rusia llamar a eso “guerra” está prohibido; quien lo hace o se atreve a protestar, arbolando pancartas “No a la guerra”, es detenido y mandado directamente a la cárcel. El término que se puede usar es “operación especial”.

Llámese como se llame, el enfrentamiento, de momento -escribo esto a 11 de marzo de 2022-, ha languidecido. En Kíev, según informan los propios ucranianos, hoy por hoy todo está tranquilo; la vida transcurre con total normalidad, las tiendas de alimentos están abastecidas bastante bien y en las farmacias los medicamentos no escasean. Aunque no creo que se libre de una gran ofensiva, a menos que antes se llegue a una especie de acuerdo entre Occidente, Ucrania y Rusia; la capital ucraniana debe formar parte de la Rusia que Vladimir Putin se ha forjado en su cabeza y cuya cuna, históricamente, ya lo es, como Kosovo para Serbia.

Los rusos, con una marcha rápida y masiva, penetraron en el territorio ucraniano, ocuparon más o menos las zonas previstas y se distribuyeron por el territorio acantonándose de alguna manera, controlándolo. Controlar significa, en primer lugar, incomunicar forzando la firma de acuerdos favorables. La incomunicación se desarrolla, como en cualquier guerra, disparando contra el ejército local que no para de hostigar al enemigo. Echar las tropas rusas de esos territorios es muy complicado ya y una acción decisiva acarrearía miles de bajas humanas.

Los ucranianos calculan haber inutilizado, hasta ahora, a más de 10000 soldados de Putin, o sea que las bajas rusas superan, con creces, las pérdidas ucranianas de militares y ciudadanos civiles. Los gastos en embalsamar los cadáveres de los soldados rusos corren a cuenta de los ucranianos que los cargan en vagones y los dejan en al frontera para que sean recogidos. Es muy probable que muchos de ellos sean mercenarios sin padre ni madre, sacados de las cárceles rusas algunos, armados y enviados a primera línea. Otro tanto hizo Zelenski; concedió amnistía a todos quienes estuvieran dispuestos a luchar contra el invasor.     

El Primer Ministro británico, Boris Johnson, hablaba de la utilización inminente por los rusos de armas químicas y de nuevas sanciones que Occidente va a imponer contra Ruisa. En cuanto al ataque químico, espero que solo sea un chantaje, al igual que el nuclear. Por su lado, los rusos denuncian el desarrollo, en su terrirorio, con dinero occidental, de armas bacteriológicas para atacar a Rusia, lo que justifica plenamente, en su opinión, la operación especial contra Ucrania.

Por lo que se refiere a las sanciones, ya apunté que Putin y su entorno, secundados por los millones de rusos más conservadores, solo se felicitan por ver las compañías extranjeras fuera de su país. En el frente de las sanciones solo sufren quienes se han quedado sin empleo.

La penetración del ejército ruso en Ucrania es un problema que solo trae de cabeza a los ucranianos preocupados por echarlo. A Putin, la sola presencia de sus fropas allí, ya le tiene contento. Últimamente no se le ve mucho en los medios de comunicación, está callado y ausente, únicamente aparece en encuentros oficiales. Los ruegos por entrevistarse cara a cara con él de Volodímir Zelenski no parecen interesarle.

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