Empecemos con el metro de Viena, que no tiene vigilantes ni torniquetes.

El problema es demasiado grave para perder el tiempo analizando el porqué o su alcance. Lo que ocurrió en Niza no sólo es horrible sino que es la forma más bárbara, más cruel, más cínica de matar que demuestra de qué es capaz esta gente. No estamos preparados para enfrentarlos. Nos degüellan sin compasión, como a corderos. No los juzgo, sólo digo que en sus manos todos somos unas víctimas seguras.

El pueblo francés defiende sus valores admirablemente. El castigo brutal al que fue sometido no es fácil de explicar. Francia ha recibido a muchísimos inmigrantes. Muchos jugadores de fútbol, por poner un ejemplo muy visible, son africanos. Hay presentadores inmigrantes –o hijos de inmigrantes- en la televisión. A lo largo de la historia muchos artistas de otros países europeos y del mundo encontraron en Francia el entorno ideal para el desarrollo de su obra. Emigró a París la oposición rusa contra régimen bolchevique. Todos estos son ejemplos de tolerancia con mayúsculas.

¿Qué es lo que sucede entonces? Pues sucede que para individuos como el chófer tunecino que masacró con un camión a tantas personas la vida no vale nada. Ni la suya ni la de sus hijos, ni la de sus semejantes. Esto no tiene religión. Es sólo querer morir matando con el rostro crispado de júbilo.

¿Pero qué hacemos para solucionar el problema? No mucho. Son necesarias normas que se cumplan a nivel europeo. Es el momento para que el ejército demuestre su utilidad práctica. Los militares tienen que salir a las calles, proteger las plazas, las entradas y salidas del metro, el transporte urbano. Deben detener a cualquer sospechoso y cachearle la mochila. Según una noticia reciente, los militares de Israel han detenido a un jordano con bombas en su mochila, listo para inmolarse en un tranvía.

El Brexit es un ejemplo muy malo pero para Inglaterra es el momento de solucionar los problemas a su manera, sin perder tiempo con consultas. Putin, otro jugador importante, con quien hay que colaborar y a quien preferimos aislarlo, también lo hace, empujando todo lo que puede las fronteras de su influyencia hacia el oeste. No es improbable un golpe de estado prorruso en Moldova y la anexión de este territorio al nuevo imperio ruso.

Resumiendo: Tenemos que ponernos manos a la obra ya. Empecemos con el metro de Viena, por poner un primer ejemplo concreto, que, como dije en el material anterior, no tiene vigilantes ni torniquetes.

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