Un ojo por un croissant

los-alimentos-que-tiramos-a-la-basuraEn el patio de la escuela dos niños jugaban al fútbol con un croissant. Les llamé la atención diciéndoles que aquello era para comerlo y no para patearlo. Uno de ellos me contestó con desdén: “Nos lo vamos a comer después”. Quise decirles algo, explicarles tal vez… pero no lo hice. “Sí, chicos, lo vais a comer”, pensé, no obstante, para mis adentros. Todos terminamos por comernos, tarde o temprano, lo que pisamos, escupimos, ensuciamos.

¿Pero de dónde viene este desprecio por la comida? ¿Cuál sería su origen? ¿La abundacia? ¿La mala calidad de lo que comemos? ¿La falta de hambre, de hambre verdadera, prolongada, enloquecedora?

Seguro que estos niños lo vieron hacer en sus familias. Vieron cómo sus padres tiraban la comida a la bolsa de la basura, cómo en el frigorífico se estropeaban los alimentos, amontonados y olvidados, y que olían mal, cómo los restos del plato, comestible hace poco, se podían transformar en seguida en desperdicios.

Mi abuela me solía decir que en el plato dejo mi fuerza. Eso se les decía a todos los niños. Los niños no preguntaban qué quería decir la expresión. ¿Cómo que se dejaban la fuerza en el plato? Los niños antes no hacían tantas preguntas. Acababan la comida todo serios, decían “gracias”, y se iban a sus cosas.

Sí, el alimento es la fuerza del hombre. Imaginémonos un día sin comer. Imaginémonos una guerra, una hambruna. Tres días sin probar bocado y por un croissant pisoteado seríamos capaces de sacarle un ojo a cualquiera.

Imagen: www.tiempodehoy.com

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>