Las garras de Gurides

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Imagen: http://www.util21.ro

Gurides era un osito cuya madre pereció a manos del hombre. Se lo cuento: La osa cayó en una trampa disimulada en el suelo. El furtivo, cigarro en la boca y manos en los bolsillos, regresó al día siguiente para ver cómo iba la cosa y, al verla, cogió un palo y, sin acercarse demasiado para que su vida no corriera peligro, empezó a darle empujoncitos: uno, dos, tres. Se lo pasaba muy bomba el cabrón con el jueguito. La osa, dispuesta a aceptar el destino pero no la humillación, aunó toda su natural fuerza y arrancó de raíz el árbol junto con la trampa a él atada. De un salto se puso  al lado de su verdugo y de un zarpazo, ¡zas!, lo partió en dos. A la osa enseguida la declararon muy peligrosa y fue objeto de una redada colectiva por el todo el monte. Cazadores armados hasta los dientes, helicópteros desde el aire y periodistas con micros contándolo todo por la tele. Como a Rambo en First Blood, ni más ni menos.

Y Gurides, el osito, se quedó solo en el mundo.
Curiosamente, buscó la compañía de los seres humanos y se hizo amigo de los alpinistas. Aparecía de repente por donde hacían fuegos para comer y calentarse, se sentaba a su lado, comía lo que le daban y escuchaba sus historias. Creció, se hizo fuerte, todo un oso, sí señor. Los alpinistas lo reconocían enseguida y lo dejaban. Imitaba tan bien a los hombres que al sentarse acomodaba el culo igual que ellos.

En la montaña hay un lugar que desde hace decenios es un alto obligatorio para todos los montañeros. Allí se encontraba cierta noche un grupo muy numeroso cuando de pronto apareció Gurides. Se sentó en un tronco muy largo donde estaban sentados todos los demás. Nadie le hizo caso especial. Siguieron bromeando y relatando sus aventuras. Cuando todos se levantaron para irse a dormir, Gurides se quedó solo. El tronco se volcó; el oso, cogido por sorpresa y asustado, soltó un bramido e hincó sus garras en la roca enorme que tenía al lado, arrancando un buen trozo. Sus garras quedaron estampadas allí para siempre. Las garras de Gurides.

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