La duda, la eterna duda

manzana podrida 2

imagen: taringa.net

Cuando decimos que un texto está bien escrito, expresamos una suposición; o tal vez nuestro deseo de que esté bien escrito. Bastaría con enfocar el mismo texto a la luz de otra intrepretación para que perdiera enseguida el encanto que le hemos dado.  En uno de los numerosos diálogos de „Soldados de Salamina”, Antoni Miralles, ex-combatiente de la Guerra Civil Española pregunta al autor (Javier Cercas) „¿Cómo se llamaba aquel novelista americano que entró en París…?

–  Hemingway.

–  Hemingway, sí. ¡Menudo payaso!

Se dice que, en cierta ocasión, Lev Tolstoy llamó  a su „Guerra y Paz”: „un ridículo amontonamiento de palabras”.

En la obra de Mijaíl Bulgakov „Maestro y Margarita”, El Maestro le hace reconocer al poeta loco Bezdomny que los poemas que escribía eran muy malos y le insta a que no escriba ninguno más. El poeta se lo promete.

„No así tiene que ser”, se queja Chejov a través de sus personajes, dándonos a entender continuamente que el camino es otro.

La duda, la eterna duda.

Los escritores suelen sembrar sus obras con indicios de su tormento, de la vanidad de su esfuerzo. Bulgakov, por ejemplo, transforma el procedimiento en un ejercicio literario genial. Otros autores sólo emiten quejas, repetidas a lo largo de páginas enteras; llantos de impotencia.

Durante la escritura lo mejor es no hacerse preguntas si no encuentras respuestas. Lo mejor es limitarse a narrar. Si tienes qué narrar.

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