Entre Kiev y París

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imagen: ecodiario.eleconomista.es

Referéndums como el de Holanda, en el cual una nación, ahíta de todo y bien alimentada como la holandesa, decide que otra nación, pobre, hambrienta y en guerra, como la ucraniana, no debe recibir el visto bueno para un preacuerdo de adhesión a la Unión Europea, es una vergüenza, un error y una estupidez.

Vamos a verlo. ¿Quién es un holandés para decidir que Europa le pertenece? Más aún: ¿quién es cada uno de nosotros, criaturas efímeras, para creer que un trocito del planeta es nuestro? ¿Quiénes creemos que somos, al fin y al cabo, para repartirnos los océanos, el cielo y el cosmos? No olvidemos que criaturas tan fabulosas como los dinosaurios también desaparecieron del planeta y que, antes de que apareciéramos nosotros, todo estaba inventado. ¡Sí, todo! Cuando el hombre logre inventar una manzana tan perfecta y tan buena como la manzana del jardín del paraíso, me inclinaré como ante Dios. Y no sólo una sino millones de manzanas de todo tipo, de peras, de naranjas y de uvas… En fin, me detengo aquí porque me estoy alejando del asunto que me preocupa.

Abrimos Europa a miles de ciudadanos árabes que entrenan en polígonos militares europeos. No es broma, no; es una noticia que oí en la tele según la cual el polígono militar de una ciudad rumana desde hace meses está ocupado por árabes que se entrenan en el uso de las armas de fuego. Un rumano, que quiso tomar clases de tiro para poder defender su pequeño negocio, no pudo hacerlo porque no había sitio para él. ¿Y al mismo tiempo cerramos Europa a pueblos que forman parte de ella?

¿Y por qué? ¿Porque algún señor regordete de Holanda teme por su bienestar?
Señores europeos. Se han encerrado ustedes en una casa bonita, rodeada de enemigos. De cómo han sabido protegerla dan cuenta los atentados terroristas que han ocurrido. Sin un pacto militar serio con países como Moldova y Ukrania (incluso como Bielorrusia y Rusia) no lograrán ustedes jamás defender su casa bonita. Créanme: teniendo en cuenta el panorama actual, no están haciendo ustedes ningún favor a los países del este, sino todo lo contrario, son los países del este quienes les podría proporcionar la salvación. Lo digo porque son ustedes los que arriesgan su paz y su bienestar, mientras que los moldavos, los ucranianos, los rusos están acostumbrados a pasarlas canutas.
Créanme: El sueño europeo se acabó. ¿Quién, diablos, querrá ir a París, que se ha vuelto más insegura incluso que Kiev?

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