El mono abogado

– ¿Cómo ha sido el examen? –pregunto.
– Una chapuza –dicen unos.
– Una mierda –contestan otros.
– Nos han tomado el pelo –remata una chica con lazos multicolores en el pelo que siempre va a su aire, con apuntes, libros y folios escritos a mano.

La reforma del sistema educativo  arranca así, con un gran desconcierto colectivo. Se han preparado para esto y aquello, han leído a tales y cuales autores, y al final se encuentran con que deben pergueñar una estúpida descripción de lo que es una cámara fotográfica, un móvil o una botella de agua. ¡Maldita sea! ¡Como si fueran exámenes para chimpancés, loros u osos panda!

Chicos y chicas que sueñan con carreras de abogados, de economistas, de arquitectos, de médicos. ¿Y qué les ofrecemos? ¿Payasadas?

Mi hijo estuvo hace poco en el circo y volvió encantado. Un tigre muy listo que saltaba atravesando un aro en llamas, un mono que reía como un hombre, un burro que daba vueltas y vueltas dentro del ruedo. Estoy casi seguro de que, con un poco más de esfuerzo, podríamos hacer del mono que ríe un buen abogado, del burro un excelente empleado de Relaciones Públicas (PR, en inglés) y del tigre… bueno, ¡para el tigre no se me ocurre ninguna profesión humana digna!

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