Maestro en clase

Maestro en clase: encuentro con compañeros brasileños

  • Tan solo nos concentramos en hacer lo que podemos para mejorar un sistema educativo cuyo peso, en su totalidad, cae sobre los hombros de una sola persona: el maestro en clase.

En el encuentro con compañeros brasileños de Río de Janeiro, que organizó mi compañero y amigo Vinicius Fernandes Batista y en el cual participé como invitado, abordamos problemas reales y serios que afrontamos los maestros en el aula hoy día.

Destacamos a mi jucio, y en primer lugar, el hecho de que estamos solos en nuestro esfuerzo de educar a niños, niñas y adolescentes. Son pocas las personas responsables que observan rigurosamente la evolución de nuestros hijos e hijas. Peor aún, muchos adultos no dudan en poner en entredicho de manera ostentosa lo que tú como maestro intentas inculcar al niño, amenazándote incluso con llevarte ante los tribunales o con romperte las piernas si te atreves a llamarle la atención por las burradas que comete. Y todo eso ocurre, muchas veces, con el crío delante que luego te mira triunfante -comentaba una compañera- como diciéndote ¿y ahora qué?, ¿qué me vas a hacer?

Son cosas que nosotros, los maestros de la enseñanza pública, que trabajamos con grupos aglomerados de más de treinta alumnos, sufrimos sin cesar y sin quejarnos. Tan solo nos concentramos en hacer lo que podemos para mejorar un sistema educativo cuyo peso, en su totalidad, cae sobre los hombros de una sola persona: el maestro en clase.

Tanto yo como mis compañeros y compañeras brasileños coincidimos en el hecho de que alumos y alumnas ya no se pueden concentrar, que llegan a clase cansados y ojerosos, que la culpa la tienen los teléfonos y el tiempo que pasan conectados a internet sin hacer nada importante; solo chateando o consumiendo, de manera incesante, un material visual de dudosa calidad. ¿Pero quién nos oyera? El móvil en el aula está prohibido por el reglamento interno de los centros, una  norma que pocas veces se cumple, o no se cumple en absoluto. ¿Por qué? Pues, porque soy yo el encargado de aplicarla, yo, el que tengo enfrente más de treinta adolescentes cada uno con su teléfono al que está enlazado como un feto con el vientre de la madre. Al resto de la sociedad esa norma parece que le da perfectamente igual. Parece que el móvil es precisamente ese objeto vital e imprescindible para todos nosotros sin el cual, si no se hubiera inventado por fin, la humanidad entera con toda seguridad habría estado en peligro de colapsar sin remedio. ¿Qué hago en esas condiciones, pues? Lo decía un compañero: sigo adelante con la clase como puedo porque el intento de prohibir o de quitar el aparato genera conflictos y pierden aquellos pocos que aún vienen al cole para estudiar.

Son generaciones que no consiguen transformar la información en conocimientos, concluye Vinicius. Y eso sucede porque no hacen ningún esfuerzo para formarse y se pasan los días culpando en todo momento a los profes.

Vale. ¿Sin embargo, hasta cuándo me van a echar la culpa a mí? El tiempo pasa, te haces adulto y entonces es cuando las excusas ya no sirven porque es hora de hacer algo concreto. Esto es lo que, por mi parte, trato de hacerles comprender a los adolescentes con quienes trabajo: acusar a tus maestros -o al padre y a la madre-, de tus fracasos a los treinta años es ridículo.

Fueron dos reuniones de más de dos horas de duración cada una, en las que tuvimos tiempo incluso para bromear, para abrirnos, lo que se dice, el alma. Gracias Vinicius. Gracias Alexandre, Érica, Lozana, Emanuela, Marcos, Emiliane, Mónica! ¡Gracias a todos. ¡Un gran abrazo desde Bucarest, Rumanía!

Incoloro inodoro insípido

Incoloro, inodoro e insípido

No escribo esto para ponerme como ejemplo, sino porque así siento. Llevo años reutilizando el agua que resulta después de usar la lavadora. No he montado el desagüe adrede para poder recogerla y aprovecharla ¿en qué creen? En lavar el inodoro. Y es que hacerme la caca -con perdón- en agua potable me da como pena. Entre todos los inventos, algunos imprescindibles y otros no tanto, de esta época nuestra de la tecnología, no hay ninguno pensado precisamente para eso: recoger el agua que utilizamos en lavarnos para limpiar nuestras necesidades. Millones de metros cúbicos de agua limpia que tomamos del grifo cuando tenemos sed y cuando preparamos la comida se va en nuestras superpobladas ciudades en tirarla por el excusado lleno de porquería.

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